viernes, 29 de mayo de 2009

TACONES LEJANOS


(Trans chilenas al ruedo)

El nuevo milenio empezó esperanzador para las minorías sexuales. A las intenciones del Gobierno de luchar en contra de la discriminación, se sumaron los esfuerzos para terminar con la censura cinematográfica y otras limitaciones a la libertad de expresión. Asimismo, en enero de 2001, la temática homosexual fue la vedette de la cartelera teatral cuando el director Alejandro Trejo presentó una refrescante puesta en escena de “Loco Afán”, libro homónimo del escritor Pedro Lemebel. En el mismo tiempo, el director teatral Andrés Pérez sorprendió a todos con “La Huida”, escrita, dirigida y protagonizada por él mismo, donde daba cuenta de la brutal persecución de homosexuales durante el primer Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, asumiendo de paso su propia homosexualidad.

La ofensiva del Sheriff

No obstante este contexto, una polémica detonó entre los travestis y el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín Infante, quien pretendió dar un golpe de gracia al barrio San Camilo, ruta obligada del sexo tránsfuga en la capital. El 11 de marzo de 2001, el flamante sheriff capitalino, con el pretexto de eliminar del sector la delincuencia y la drogadicción, ordenó instalar un retén de vigilancia policial en la esquina de las calles San Camilo y Argomedo, provocando así una controversia en torno a uno de los sectores más discriminados y estigmatizados del mundo homosexual chileno. “LAVÍN DECLARA LA GUERRA A COLIZAS”, tituló en portada el diario La Cuarta. Entonces, las travestis, lideradas por su presidenta Silvia Parada, desafiaron abiertamente las órdenes del edil y le exigieron una pronta reunión en la Municipalidad de Santiago.

Así estaba la situación cuando Rolando Jiménez se presentó ante el alcalde como presidente de los homosexuales y se reunió con Joaquín Lavín, asumiendo unilateralmente la representación de las travestis afectadas. En la cita, calificada por Silvia Parada como “oportunista”, Joaquín Lavín comprometió el apoyo municipal a la reinserción social de los travestis que ejercen el comercio sexual en Santiago, ofreciéndoles cursos gratuitos de peluquería y diseño de vestuario.

A lo mejor no va a ser lo mismo que perciben (en la calle), pero es un comienzo en el cual deben entender que es una oportunidad para cambiar sus vidas, explicó Jiménez al diario La Cuarta, el 18 de marzo de 2001.

Pese al ofrecimiento, las travestis desconocieron la reunión y demandaron ser escuchadas directamente y sin interlocutores. Aunque Lavín evitó el encuentro con las travestis, enviando a sus asesores Patricio Cordero y a su jefe de prensa Jorge Romo, finalmente recibió a la directiva de Traves Chile en su oficina. A puertas cerradas, la autoridad municipal derechista y los travestis organizados pusieron sus cartas sobre la mesa. Ellas temían que la instalación de la caseta policial en San Camilo atentara contra su fuente de trabajo, de hecho ahuyentó a los clientes. Por su parte, Lavín estaba ansioso por terminar con los escándalos relacionados con drogas, alcohol y sexo en la vía pública, hechos supuestamente denunciados por los vecinos del sector. Después de una conversación entre las partes, Lavín se comprometió a colaborar en la reinserción laboral de los travestis, y alejarlas del comercio sexual callejero.

Cumpliendo con el compromiso suscrito con Silvia Parada, la Municipalidad de Santiago gestionó que la Universidad del Trabajo INFOCAP, perteneciente a la Iglesia Católica, abriera sus puertas a unas 25 travestis para estudiar corte y confección de vestuario. El curso, que inicialmente duraría sólo tres meses, se extendió a cinco y tuvo un costo de ocho millones de pesos, financiados por Corsin, un organismo técnico intermedio que distribuye con fines sociales los excedentes que las empresas destinan a la capacitación. Además, la Municipalidad de Santiago pagó el arriendo de la sede de Traves Chile, más una mensualidad que recibían las participantes de los cursos. En la práctica, las travestis asistían regularmente a los cursos en INFOCAP, recibían 100 mil pesos mensuales de la Municipalidad e, igualmente, continuaban trabajando en el comercio sexual. En los intentos de Lavín de aparecer como un político tolerante, las travestis comenzaron a exigir un barrio rojo en Santiago.

Trabajaríamos de noche como siempre, pero la diferencia sería que estaríamos más protegidas, tendríamos mayor higiene y no molestaríamos a los vecinos y a los niños que son muy pequeños para entender nuestra profesión, aseguró Silvia Parada al diario Las Ultimas Noticias el 5 de junio de 2001. Y como era de esperarse, la idea recibió el rechazo de los vecinos de los sectores que eventualmente cobijarían las calles rojas.

Yo no estoy en contra de ellos, cada cual vive como quiere. Pero este no es lugar para ese tipo de cosas, dijo a la prensa un vecino del Parque Forestal. Justo ahora que queremos convertir al Pueblito en un lugar turístico, aparece esta noticia preocupante, afirmó Roberto Pérez, vicepresidente de la Cámara de Comercio del Parque O`Higgins, cerrando de este modo cualquier respaldo de la ciudadanía a la iniciativa.

El 14 de noviembre de 2001 veinte socias de Traves Chile se graduaron como especialistas en corte y confección, con la promesa de no volver a trabajar en la calle. El acto tuvo otro ingrediente: la presencia del alcalde Joaquín Lavín que, rodeado por seis guardias de seguridad, llegó para felicitar a las travestis por el importante logro alcanzado, ganando de paso, varios puntos en su capacidad de marketing político / social. Joaquín Lavín, en entrevista al programa Triángulo Abierto, señaló:

Creo que una sociedad abierta como la chilena tiene que enfrentar la discriminación y evitarla al máximo. Si es necesario para eso hacer cambios legales, habría que conversarlo, pero creo que las actitudes de apertura se muestran con hechos concretos.

Por su parte, Marcos Ruiz, fundador del MOVILH y dirigente del MUMS, refutó:

El apoyo a las travestis es parte de la lógica de la UDI, de intentar responder a las necesidades de un sector de la sociedad, pero de manera superficial. El tema del comercio sexual travesti requiere de una preocupación profunda y esta preocupación no la tiene la UDI, el sector que representa Lavín. Yo no le creo a Lavín, pero entiendo que mucha gente le puede llegar a creer en la medida que ven resueltas sus necesidades más inmediatas. Ambas partes se requieren, la agrupación de travestis porque tiene una necesidad de instalarse como un sector discriminado y Lavín las necesita para parecer como un personaje amplio, progresista y sin prejuicios. Sin duda, todo esto está dentro de su lógica populista.


Francisco Casas, ex integrante del colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, quien junto a Pedro Lemebel visibilizaron el travestismo como estrategia de trasgresión política mucho antes de la emergencia de Traves Chile, señala categórico:

La travesti siempre ha tenido estrechas relaciones con el fascismo, desde siempre, y esto está totalmente documentado en el cine italiano. Siempre se da la relación entre el travestismo y lo militar, por eso creo que la derecha chilena utiliza a los travestis. No existe un movimiento de travestis en Chile, existe un movimiento de travestis necesitados, absolutamente necesitados.


Por su parte, Tomás Rivera, “La Doctora”, ex travesti de la emblemática calle San Camilo, cree que el apoyo de Joaquín Lavín ha sido: La propaganda política más larga en la historia de Chile para llegar a la presidencia de la República. Por eso Lavín toma a los travestis como padrino para que, en las próximas elecciones, los travestis le den su voto.

Desde otra vereda, Silvia Parada afirma convencida: Yo no le creo a los políticos, ni siquiera al alcalde Lavín, pero esta lucha va en beneficio de nuestra población. En principio, no le creo a ningún político, no obstante nuestras puertas están abiertas a todos los que nos quieren ayudar, desde la señora Gladys Marín hasta Joaquín Lavín.


Más allá de los recursos publicitarios del alcalde Lavín, de reconocida militancia Opus Dei, la polémica en torno a las travestis trajo consigo el reconocimiento de la existencia de cientos de travestis que ejercen el comercio sexual en forma desprotegida en muchos rincones del país, además de una nueva simbolización de la calle San Camilo como mito urbano prostibular por antonomasia. Al respecto, no existe certeza de cuándo se instalaron las primeras casas de tolerancia o prostíbulos en Santiago, aunque es un dato relativamente confiable que las primeras construcciones que cobijaron a las meretrices de antaño datan de principios de siglo XX. Se cree que sólo a partir de los años cincuenta, la calle San Camilo se transformó en la marca registrada del festejo nocturno, del chacoteo de oficinistas, de las despedidas de solteros y de las iniciaciones sexuales de jóvenes obreros.

El mito de San Camilo

“La Doctora” llegó al sector en la primera mitad de los años sesenta cuando apenas tenía 14 años. Al respecto, este legendario personaje de la noche prostibular, recuerda:

Conocí San Camilo porque era amigo de unos maricas que trabajaban de damas de compañía de los cabrones y haciéndoles el aseo a sus prostíbulos que, en ese tiempo, eran sólo de mujeres. El auge de los travestis se inició recién en el año 1964. Las colas de ese tiempo, pese a que aún no éramos travestis, igual andábamos muy pintaditos, mucha pestaña, mucha pinturita y así, poco a poco, comenzamos a ponernos pantalones anchos, colores fuertes y blusitas de encaje negro. Después nos pusimos polleras, minifaldas, sostenes, rellenos, postizos y empezamos a tirar con los hombres a escondidas de las mujeres, tomándonos finalmente la calle San Camilo.

Según el relato de La Doctora, los travestis siempre han sido perseguidos por autoridades y policías.

Antes vivíamos arrancando por los techos de los pacos y de los ratis que nos hacían la guerra. Además de la persecución policial, en ese tiempo era obligación controlarse en los hospitales y cuando los pacos allanaban los prostíbulos, pedían la tarjeta de sanidad. Si estabas con el carné sanitario al día, no había problemas. Los problemas eran con los ratis que nos llevaban presos por ofensas a la moral y las buenas costumbres.

Pocos son los travestis que ejercieron el comercio sexual y que han sobrevivido a su devenir. La falta de educación, la pobreza, el desamparo, las persecuciones e incontables enfermedades, les han jugado fatales pasadas. Tomás Rivera, aunque retirado, se mantuvo por mucho tiempo en pie, hasta que el VIH/SIDA ganó la jugada. En vida, “La Doctora” recordó:

Hubo un tiempo en que estaban de moda las fichas policiales. A todas nos fichaban como sodomita patín. A mí me ficharon como la Doctora corazón, corazón. Los maricas me decían así porque yo siempre les arreglaba los problemas amorosos con sus maridos y porque, en ese tiempo, había una revista de moda donde una doctora Corazón entregaba consejos a sus lectoras. Por eso soy La Doctora.

Numerosos son los travestis que han pasado por San Camilo y que han muerto víctimas del VIH/SIDA. La Doctora afirma haber enterrado a muchas amigas: La Ximena, La Leticia, La Raspado de Queque, La Claudia Chueca, La Mecho, La Carla y La Chavito.

Pese a las amenazas que acechan al comercio sexual callejero, San Camilo aún respira e insiste en ocupar su histórico territorio prostibular, aunque debido al cuartel municipal instalado por el alcalde Lavín, se han cambiado de cuadra para esquivar el control y dar seguridad a un cliente que no desea publicidad. No obstante el asedio de los grupos anti gay que han asesinado impunemente a trabajadoras del sexo y las promesas públicas que le han hecho al alcalde de Santiago, muchos travestis no piensan cambiar su oficio, ni mucho menos renunciar a su transgresora existencia.

La emergencia de la demanda trans de San Camilo y otros barrios,  irrumpió en el espacio público de la mano de discursos biomédicos, policiales, sociológicos, jurídicos, políticos y periodísticos que funcionaron como disparadores en algunas ocasiones para discutir y en otras oportunidades para reforzar las dinámicas desigualadoras relacionadas con la identidad de género, la sexualidad, la raza, la clase social, la etnia, la religión, la edad y la ideología en diferentes contextos.

Según la activista travesti argentina, Lohana Berkins;

Cuando pensamos en el travestismo latinoamericano pensamos en un fenómeno complejo y dinámico y nos referimos a sujetas atravesadas por relaciones de privilegio y opresión propias de cada sociedad y de cada momento histórico particular.


Mucho antes del hostigamiento municipal y posterior respaldo estratégico a las travestis, diversas intervenciones artísticas hicieron historia en San Camilo. En tiempos en que la dictadura militar pegaba con sus últimos latigazos de terror, la videasta Gloria Camiruaga filmaba “Casa Particular”, escenificando la última cena de San Camilo con “La Doctora” como Jesús y las mismísimas Yeguas del Apocalipsis, Pedro Lemebel y Francisco Casas, como sus apóstoles. Junto a “La Doctora”, otros travestis, entre ellos la Madonna, participaron del montaje hollywoodense de los focos y cámaras de filmación, posando a la prensa alternativa, mostrando la silicona recién estrenada de sus pechos, según recuerda Pedro Lemebel en su libro Loco Afán.

Tiempo después llegaron los cambios políticos y se organizó el “Museo Abierto”, la primera muestra del arte negado por los militares en el Museo de Bellas Artes. Camiruaga, responsable de este montaje, sufrió reiteradas censuras. Respecto del punto, la fallecida artista recordaba:

Mucho antes del Museo Abierto, Casa Particular fue rotulado como pornográfico por el Consejo de Clasificación Cinematográfica. Luego, en el Museo Abierto, que se suponía sería un soplo de apertura cultural, el video nuevamente fue censurado, porque un grupo de boys scout protestó por su exhibición. De todos modos, Nemesio Antúnez (director del Museo) no fue el responsable de esa censura, más bien se vio presionado a retirarlo de la muestra en contra de sus deseos.

Foto: “La Doctora”, al centro, acompañada de Pedro Lemebel y Francisco Casas, “Las Yeguas del Apocalipsis” e interpretando a Jesucristo en la última cena de la democracia. Performance – video - arte de Gloria Camiruaga