viernes, 29 de mayo de 2009

EL CASO VILLEGAS


(Volviendo a la homofobia de los 70)

Mientras las organizaciones gays participaban en torno al debate del “matrimonio gay”, manifestando su parecer respecto de la publicitada incorporación de personajes homosexuales dramáticos en las teleseries chilenas (que hasta ese minuto solo habían sido incluidos como personajes secundarios, humorísticos y caricaturescos) la apertura cultural criolla fue dilapidada. El 17 de febrero del 2003, la revista El Periodista publicó una polémica entrevista realizada por André Jouffe al sociólogo y comentarista de televisión, Fernando Villegas, desatando la controversia.

Por mucho tiempo, los activistas homosexuales habían tolerado ciertas declaraciones homofóbicas de algunos personajes públicos que criticaban, y aún critican, los mayores grados de tolerancia y libertad que experimentan las minorías sexuales criollas. Sin embargo, no se tenía memoria de declaraciones tan virulentas y enfermizas, como los juicios de Fernando Villegas (más bien prejuicios) sobre el “mundo gay”, que sobrepasaron con creces las homofóbicas elucubraciones del doctor René Orozco de la Universidad de Chile, y del escritor Enrique Lafourcade. En la mencionada entrevista, Villegas vociferó:

Tengo una razón objetiva por la cual considero peligroso el sexo homosexual – y por lo tanto digno de ser contenido – y es que parece ser mucho más erótico que el heterosexual, mucho más obseso, por lo cual el que lo practica invierte la mayor parte de su energía en el sexo y eso entraña la destrucción de sus capacidades para proyectarse en el mundo de otra forma. De eso se libran muy pocos, sólo los más talentosos, las excepciones (…) Me parece que en general el sexo empuja al hombre hacia abajo, a la elementalidad del deseo y el deseo en estado puro, a las garras de un impulso insaciable que convierte al ser humano en materia inerte y creo que los homosexuales corren más ese peligro porque, para decirlo brutalmente al estilo como lo pintan los lolos, se la pasan pensando en que los claven. Tal vez los heterosexuales se la pasen pensando en clavar a una mina, entonces viene siendo lo mismo, pero la mariconería, por algún mecanismo que le es propio, o al menos me da esa impresión, tendría la cualidad adicional de ser una práctica que nunca se sacia como la otra y que al revés, se multiplica. Y conduce a una sordidez que no resulta sólo del clandestinaje de su ejercicio, sino forma parte de su médula misma. Es como si estuviera inevitablemente asociada como las impulsiones internas de emporcarse, de ir hacia una involución, de finalmente chaquear en caca.

Villegas continúa con su “reflexión” respecto del acto homosexual, afirmando:

Creo que el norte de la sexualidad gay apunta no sólo en los hechos sino en sus motivaciones más secretas al retorno de un mundo fecal, anal, infantil. Es una forma de masoquismo y el masoquismo es intrínsicamente pasivo y por lo tanto limitado. Aclara que los homosexuales son: tipos que despiertan rechazo en cualquier persona normal, y pidiendo perdón por sentir mucho más desprecio y asco que el provocado por un leproso. Villegas habla del homosexual como: tipos contrahechos espiritualmente, condenados, malditos, maracos.

Al mejor estilo de la inquisición y haciendo retroceder el debate público en años, tal vez siglos, de investigaciones y avances de las ciencias sociales, Fernando Villegas termina acusando a los homosexuales de perversos, centrando parte de sus dardos en la figura del reconocido y premiado escritor Pedro Lemebel.

El maricón intelectual como Lemebel es una persona que se está tratando de rescatar en el juicio del prójimo, sentencia el sociólogo.

Alerta homofóbica

Evidentemente, las reacciones no se hicieron esperar. Luego de conocerse estas sorprendentes declaraciones, el periodista Fabián Llanca del periódico Las Ultimas Noticias profundizó el tema con Fernando Villegas quien, junto con reafirmar lo declarado a Jouffé, arremetió nuevamente contra los homosexuales, señalando:

La raíz del asunto es que la cuestión homosexual es primitiva, muy destructiva. El acto mismo es tan repelente, tan burdo, donde literalmente ni siquiera se ven las caras, que no encuentro que pueda ponerse al mismo plano con el acto heterosexual, que tiene un potencial superior, incluso por el hecho de la procreación.

Consultado sobre si temía alguna reacción contraria de los grupos homosexuales, Villegas confiesa:

No les tengo ningún miedo, porque si uno me llega a insultar más allá de la cuenta voy personalmente a sacarle la cresta. Yo soy homofóbico, no tengo ningún problema con las palabras. Así es que si los señores escribanos de estas sectas me convierten en blanco, me importa poco. Si me llegan a molestar no voy a reaccionar en mis columnas escritas, simplemente procederé a sacarle un par de dientes personalmente.

La funa que no funó

En un gesto de improvisación mediática, Rolando Jiménez, el expulsado dirigente del MOVILH histórico, se puso a la cabeza de los homosexuales y asumió públicamente su defensa. En medio de un arduo debate a través a la prensa, Jiménez anunció la realización de una protesta estilo funa, frente de la casa del conocido sociólogo. Sin embargo, apenas unos pocos minutos alcanzó a desarrollarse el mitin, porque el mismísimo Fernando Villegas salió de su casa para invitar a dialogar en su hogar a los cabecillas de la protesta: Jiménez y la dirigente del grupo Traves Navia, Juana Iris. Luego de media hora de reunión, según consignó la prensa, Villegas y Jiménez dieron por “superado el impasse”, después que el sociólogo clarificara que no era homofóbico, y que sus juicios correspondían al acto homosexual y no a las personas homosexuales.

En carta pública, fechada el 25 de febrero de 2003, Villegas sostiene:

Para cualquier ser pensante, hay una gran diferencia entre ambas cosas (homosexualidad y homosexuales); del mismo modo que casi todos consideramos mala la drogadicción sin que eso implique considerar “malos” a los drogadictos, tengo derecho y razones para considerar mala –o perversa, nefasta- a la homosexualidad sin que eso implique considerar perversos o nefastos a quienes incurren en ella. Pretender que ese juicio equivale a hacer un llamamiento a perseguir, herir, o golpear a los homosexuales es un abuso de la lógica.

No obstante las curiosas precisiones retóricas de Villegas (similares a las de la iglesia católica que condena las prácticas, pero no las personas homosexuales) y las insólitas explicaciones que expresó en Chilevisión (previo a la emisión de programas donde Villegas trabaja como panelista estable), casi ninguna organización homosexual, ni al parecer la opinión pública, creyó demasiado en sus absurdas justificaciones. Cartas a los directores de los medios de comunicación, misivas de apoyo y solidaridad de otras organizaciones gays del extranjero, y un sinnúmero de reacciones provocó el razonamiento sociológico del polémico comentarista. De todas ellas, destacaron las atingentes reacciones de los escritores Juan Pablo Sutherland y Pedro Lemebel. En el artículo publicado en El Periodista del 4 de marzo de 2003, Sutherland responde:

La mala conciencia aflora con naturalidad en nuestro país. Mala conciencia que se vincula a la cotidiana barbarie versus la cultura que queremos. Walter Benjamín, el padre de la crítica cultural, lo dijo en algún momento: Todo documento de cultura es un documento de barbarie. Fernando Villegas es la expresión más evidente de esta estrecha relación. Hijo legítimo de una sociología mediocre que no sabe ni una pizca de historia cultural, y alumno aventajado de la entelequia periodística que a estas alturas reclama paternidad de Enrique Lafourcade, quiere seguir su chochería intelectual. El señor del dolor de cabeza (interesante relación del pelucón con la migraña que provoca su rostro) se ha lanzado contra la homosexualidad, pero ni siquiera resulta la provocación de un intelectual de derechas, alarmado frente a la conquista de los derechos civiles de las minorías sexuales: es peor. Su discurso es más básico, más precario, más insolente, incluso responde a la barbarie exhibida durante el siglo XX: nazismos, fascismos, estalinismo, todas ellas corrientes ideológicas que no sólo exterminaron a homosexuales y lesbianas, sino que a toda la diferencia política, étnica y cultural de su época.

Que lindo pelo lleva

Irónica resultó la respuesta del escritor Pedro Lemebel, quien haciendo gala de su particular estilo, disparó contra el “chascón” a través de su página en el diario The Clinic:

Hermosa melena luce Villegas cuando se lanza en picada contra la homosexualidad, o más bien, como luego aclara, contra el acto homosexual que es lo mismo o peor. Tal vez intenta revivir la hoguera medieval donde se cocinaron tantos colitas acusados por el pecado nefando, acto contra natura, sodomía, uso y abuso de la amapola anal por puro gusto, de puro sucio placer, solamente por ese cosquilleo hemorroide que pide carne, que no deja dormir, que puja descontento suplicando la pura puntita que me muero (…) Hablar así, describir de esta manera el cacherío precuspular gay es lo que enfurece y despeina al sociólogo que vocifera (tal vez de pura pica) contra las prácticas sodomitas. En esa pose perruna ni siquiera se ven las caras, dice, y se justifica estúpidamente el socio, desconociendo el Kamasutra gay que le lleva patitas-nuca, el trapecio de la muerte, la tenaza asesina, la sillita nené, de perfil adentro, la palanca suicida y tantas otras posturas de sincero enculamiento para mirarse tiernamente a los ojos (zas).

Definitivamente, Lemebel descargó toda su rebeldía escritural y volvió a la carga contra el “socio” Villegas.

Lindo pelo lleva el infante terrible de la pantalla y se desmelena con rabia cuando declara que las colizas evidentes somos un suicidio social, que por qué se nos tiene que notar, que él nos prefiere caballeritos, decentes, en lo posible de primera comunión de terno y corbata, es decir, hombrecitos, varoniles (tipo Rolando Jiménez). Desgraciadamente somos muchos los que nacimos con alma de yegua, y esa es nuestra fuerza, esa es nuestra cultura, más allá de la caricatura que hacen los humoristas, más allá del cruel boceto afeminado que creó la homofobia del machismo ambiental. A estas alturas de la historia, nuestra diversidad es imprescindible, le duela o no al socio Villegas y a su discurso pacato y moral.

Las hijas de Villegas

Estas locuaces reacciones de las más ilustres plumas homosexuales criollas provocaron la indignación e ira de Fernando Villegas, sentimientos expresados en el programa El Termómetro de Chilevisión. Y la reacción de sus hijas estudiantes tiene que haberlo desconcertado e incomodado más de la cuenta, sobre todo después que André Jouffé, cuñado de Villegas, hiciera pública tal intimidad familiar. El 8 de febrero de 2003, el diario electrónico Opusgay informó que André Jouffé, periodista y autor del texto inédito Hacia una Realidad Gay en Chile (texto que contiene la polémica entrevista al sociólogo), señaló que las hijas del comentarista de televisión no estaban contentas con las declaraciones homofóbicas emitidas por su padre.

Así las cosas, las desmedidas palabras del controvertido sociólogo de Chilevisión, que nos recuerdan los ataques homofóbicos de la prensa hacia la primera protesta homosexual del 73, más que decorar de elogios su “rebelde” presencia pública en los medios de comunicación chilenos, ubican a Villegas a la cabeza de los más eufóricos homofóbicos de un Chile post Pinochet.

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