viernes, 29 de mayo de 2009

DISTURBIOS CULTURALES


(Bolívar travesti y un libro gay con fondos fiscales)

El invierno de 1994 llegó acompañado de una polémica inusual. Una obra postal del pintor Juan Domingo Dávila irritó a los Gobiernos de Venezuela, Colombia y Ecuador que, a través de sus embajadas en Chile, protestaron airadamente por la creación del artista plástico. “Patriotismo venezolano está herido”, tituló el diario La Nación, abriendo el debate. “Cancillería entregó excusas por obra de Juan Dávila”, continuó informando la prensa.

Y así, suma y sigue, la polémica cultural pronto se transformó en escándalo de proporciones, adquiriendo insospechados ribetes políticos – diplomáticos. La razón era porque el artista chileno, radicado en Australia, había pintado al Libertador Simón Bolívar con tetas al aire y expresando un gesto calificado como blasfemo. Su creación es “denigradora de un símbolo americano”, dijeron las embajadas en declaraciones públicas. Según sus ilustres representantes diplomáticos en nuestro país, lo más grave del asunto era el financiamiento estatal que recibió el artista a través del Fondo Nacional de Apoyo a las Artes y las Letras (FONDART), perteneciente al Ministerio de Educación.

En medio de la controversia, artistas e intelectuales formularon diversas observaciones respecto de la libertad de creación, censura artística, estética, discriminación homosexual, arte y rol de la crítica cultural. De todas ellas, la opinión más destacada emanó de la ensayista y crítica Nelly Richard, quien en la Revista de Crítica Cultural, en enero de 1995, escribió:

El Simón Bolívar de Dávila pasó a ser la metáfora de algo contaminante que obligó a las voces oficiales a reforzar sus mecanismos de defensa contra la impureza de lo otro y a exacerbar su sentido de pertenencia a una comunidad de valores seguros. La polémica desató temores ocultos y fantasías reprimidas: señaló una parte de lo oculto – reprimido que el libreto oficial de la pos - transición mantiene en el secreto de la inconfesión, pero ayudó también a replantear el tema del arte como ruptura estética y desmontaje simbólico. El arte es una zona de disturbios.

El debate en torno a la controvertida pintura de Juan Domingo Dávila traspasó incluso las fronteras de Chile cuando, desde Caracas, el escritor venezolano José Ignacio Cabrujas, señaló molesto al periódico El Nacional de Caracas:

No le van a salir tetas crónicas a Simón Bolívar porque alguien le representó con tetas. No va a aumentar ni decrecer el espacio histórico que ocupa este personaje porque un cuadro lo imagine caderudo o como le venga en gana a su creador.

Entre los apoyos de artistas internacionales y una ardua discusión ideológica sostenida en el parlamento chileno por el socialista Camilo Escalona (quien apoyó la creación del arte sin cortapisas) y del senador democratacristiano Gabriel Valdés (quien propuso respaldar sólo a instituciones artísticas y no a personas naturales), la obra de Juan Dávila remeció los cimientos más reaccionarios de la casi intocable cultura oficial criolla e, incluso, lejos de nuestro territorio, provocó la quema de la bandera de Chile frente a nuestra Embajada en Caracas, Venezuela.

Importante es señalar que Juan Domingo Dávila es un reconocido artista plástico. Formado como pintor en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, sus exposiciones en Chile datan de 1979, 1983 y 1996. Si bien se encuentra radicado en Australia desde los años setenta, sus polémicas obras han recorrido el mundo y, en el plano anecdótico, se dice que una de sus pinturas fue adquirida por el célebre actor Silvester Stallone. En Australia, Dávila es un artista destacado y sus trabajos, que se caracterizan por la utilización de imágenes cliché como ilustraciones de revistas de moda, pornografía gay y cómic, se exponen en importantes galerías.

Ángeles Negros

Superado el conflicto diplomático que provocó la creatividad de Juan Dávila, a cuya controversia se sumaron intelectuales chilenos que centraron la disputa pública sólo en el tópico de la censura artística, dejando en segundo plano la discriminación homosexual que el incidente contenía, una nueva polémica inquietó al oficialismo cultural. “LIBRO GAY CON PLATAS FISCALES”, tituló en portada el diario La Segunda del 22 de octubre de 1994, incitando a un nuevo escándalo cultural.

Así debutó Ángeles Negros, un libro de cuentos eróticos del escritor y dirigente del MOVILH, Juan Pablo Sutherland. Coincidentemente, la obra de Sutherland recibió las mismas críticas que las dirigidas a la obra de Juan Domingo Dávila: haber recibido financiamiento estatal a través del FONDART. En medio de la polémica, muchos intelectuales expresaron su respaldo a la labor desarrollada por el FONDART. Su directora, Nivia Palma, leyó una declaración en medio de una mesa redonda denominada “Caso Bolívar y Libro gay: ¿Quién pone límites a la creación”, organizada por el instituto ARCOS el martes 6 de septiembre de 1994. En la citada intervención, Palma señaló:

El Estado no puede determinar los contenidos éticos ni estéticos del arte porque en nuestra sociedad democrática son las mujeres y los hombres libres quienes enjuician las obras.

Del mismo modo, Palma reiteró su posición contraria a la consideración de criterios extraculturales para la definición de evaluadores y la selección de proyectos. A pesar de la calificación artística de un posible evaluador del Fondart, se le excluya por pertenecer a un determinado partido político o por sus opciones sexuales –que se ubican en el ámbito privado- o bien se hagan listas de “artistas peligrosos” para el sistema, ese mismo día habrá perdido todo sentido este fondo.

Respecto de sus Ángeles Negros, Sutherland señaló en una entrevista al diario La Época:

El libro quería ser una biografía erótica de la ciudad y develar cuáles eran los espacios a los que los jóvenes homosexuales acudían. El libro va más allá de la trasgresión sexual, tiene que ver también con la trasgresión desde la estética, sus gustos, la música que escuchan y cómo se visten. Tiene que ver con su deambular por la ciudad, pulular por la noche, por el parque Forestal, Baquedano, Bellavista y lugares que son bien periféricos, pero que de alguna manera para ellos tienen sentido.

Una pregunta a Serrat

El corolario de un tiempo de polémicas culturales aconteció en la Universidad ARCIS, a fines de octubre de 1994. Los protagonistas: el cantante catalán Joan Manuel Serrat y el escritor Pedro Lemebel. En esos días, cuando Serrat visitó Santiago para cantar en la Teletón, un grupo de estudiantes de ARCIS logró entusiasmar al trovador para que visitara la casa de estudios. Ahí, en medio de la juventud que repletó los pasillos universitarios, Serrat apareció haciéndose camino al andar. Una lluvia de flashes nubló su rostro, mientras decenas de mujeres pedían a gritos una mirada del cantante. Él, turbado por el arrollador cariño colectivo, apenas atinó a responder algunas consultas y terminó cantando una de sus más bellas canciones. En una intervención mía, micrófono en mano, pregunté a Joan Manuel:

¿Por qué sí has dedicado canciones a las minorías, nunca has dedicado una canción a los homosexuales, como sí lo han hecho otros cantantes, como Pablo Milanés?

Entonces, sorprendido, Serrat respondió:

No sé, no me lo he planteado nunca, no me he referido en ningún sentido y siempre que me he manifestado lo hago con el respeto debido a que cada uno haga con su cuerpo lo que sea acorde con sus sentimientos. No he escrito ninguna canción, seguramente, porque yo no soy homosexual. Lo tendré en cuenta, claro, pero también tenga usted en cuenta que mi actitud siempre ha sido respetuosa, la misma que exijo para mi heterosexualidad, la doy para quienes practican el amor y el sexo de manera distinta.

Tu boca me sabe a hierba

En medio de aplausos, el encuentro con Joan Manuel Serrat culminó en un ambiente casi cálido. Digo casi, pues justo al finalizar el acto, un inesperado hecho protagonizado por Pedro Lemebel, generó inesperada polémica. Yo no lo vi en ese mismo momento, pero sí fui testigo del infierno de pifias que se escucharon. Los jóvenes comentaban: La Pedra Lemebel le dio un beso a Serrat.
En efecto, en el momento en que Joan Manuel se retiraba del salón de actos de Universidad ARCIS, Lemebel le robó un entusiasta beso al cantante. Su boca me sabe a hierba, confidenció el escritor cuando lo entrevisté en el programa Triángulo Abierto. Pero más allá del gesto, criticado por algunos y aplaudido por otros, muchos creyeron que lo sucedido era una acción planificada del movimiento homosexual en busca de cierto protagonismo cultural. Una loca preguntaba y la otra lo besaba, comentaron algunos suspicaces.

1 comentario:

Ignacio Salas dijo...

Bravo, boca de loca no se equivoca