viernes, 29 de mayo de 2009

EL GRUPO INTEGRACION


(Una reina en el ropero)


Hacia fines de 1977, cuando la represión y la muerte acechaban todas las militancias posibles, un secreto grupo de homosexuales fundó el grupo Integración, la primera organización gay durante la dictadura de Pinochet. Un viejo boletín educativo y anécdotas de los integrantes del desaparecido referente, forman parte de la memoria de esta organización.

Somos una iniciativa amistosa de un grupo de personas interesadas en revisar la problemática homosexual a la luz de las ideas religiosas en vías de una auténtica promoción humana. La organización no persigue formas de liberación a la manera de los grandes movimientos liberacionistas europeos o norteamericanos. Ni emancipación, ni reivindicaciones han sido las metas del movimiento. También respondiendo a las características del medio nacional, nos hemos definido no como un movimiento de orientación religiosa, sino como un movimiento privado, sin fines de lucro y que no tiene confesión política alguna, señala un viejo documento interno del grupo Integración, que detalla los objetivos centrales de la organización.

Iván, 67 años, profesor de pintura y fundador del grupo, recuerda el arriesgado contexto social y político en que emergió el colectivo:

Después del Golpe del 73 los homosexuales no sabíamos lo que iba a pasar. Los jóvenes estaban muy asustados, porque decían que iban a realizar un empadronamiento. Fue un cambio de vida brutal. Eso de vivir con la incertidumbre y la duda permanente. Se acabó la noche y la bohemia. Todos los poquitos lugares de encuentro comenzaron poco a poco a morir producto del toque de queda, incluyendo a la famosa Tía Carlina de Vivaceta. El miedo era espantoso, tanto así que la Mirka, un conocido travesti que trabajaba en la Carlina, quemó un maravilloso archivo fotográfico del prostíbulo por miedo a que lo descubrieran los militares.

Pasados algunos años después del Golpe, la situación política tendió a estabilizarse, permitiendo la reagrupación de los homosexuales, aunque tímida y secretamente.

No eran tiempos para salir a la calle. Hay que pensar que entonces se usaba mucho decir una “reina en el ropero”, que era la gente que vivía sumamente oculta, la mayoría. Esa gente encontró en el grupo Integración un lugar donde relajarse y donde nadie los iba a rechazar, ni molestar. Así nació la idea de reunirnos en casas particulares, creando finalmente el grupo Integración, agrega este profesor que militó activamente en el movimiento gay.

El ampliado

Integración partió organizando juntas en casas particulares donde dictaban charlas educativas sobre la homosexualidad. Cada semana se organizaba un grupo en una casa determinada, asistiendo a ella sólo mayores de edad, amigos o conocidos de integrantes del grupo a quienes se les exigía guardar el “secreto”. No obstante su reservado funcionamiento, Integración realizó el primer congreso homosexual en Chile. Sobre el punto, Iván recuerda:

El mini congreso fue en 1982 y se realizó en un local llamado El Delfín. Los gays le llamábamos el ampliado, pues éramos como 100 los presentes. Los líderes eran varios, entre ellos un sacerdote. Un año después, Integración desapareció por el desgaste del grupo y porque la mentalidad comenzó a cambiar. Curiosamente, cuando eso sucedió, apareció el SIDA con sus fatales consecuencias.

Paralelo al fin de Integración y mientras irrumpía el rock de Los Prisioneros, sumado a la emergencia del SIDA, se asomó el mercado homosexual en Santiago y la primera organización lésbica feminista. Así, pese al estricto control de la sexualidad que se intensificó con la militarización de la sociedad, la ideología de libre mercado permitió el surgimiento de las primeras discotecas gays y de bares topless en la capital, institucionalizando con esto último el comercio sexual femenino. Sin embargo, aquello no significó un cambio rotundo en la postura oficial respecto del tema, sólo el reconocimiento tácito de un mercado económico, unido a la posibilidad cierta de una vida gay nocturna, destacando aquí la disco Fausto de Providencia. Aunque eran autorizados, estos establecimientos eran allanados por la policía, especialmente aquellos que atraían a una clientela más popular.

La importancia de llamarse Ernesto

Mientras algunos bailaban en las discos y otros eran notificados como VIH positivos, otros pocos intrépidos se atrevían a desafiar el silencio. Ernesto Muñoz, artista plástico, fue uno de los primeros en develar su homosexualidad en una entrevista a la opositora revista APSI, el 12 de agosto del 85. Proféticamente, Muñoz afirmó:

Doy mi nombre y mi apellido para abrir el campo a otros. Si yo me atrevo a hablar, detrás de mí vendrán diez más. La homosexualidad existe en todos los niveles y también dentro de las estructuras de poder. Ha habido presidentes con claras tendencias homosexuales. También embajadores, ministros, senadores. Esa realidad se acepta, siempre y cuando no se note. La sociedad ha presionado para que la homosexualidad se viva neuróticamente, le asigna roles trágicos para que opten por vivir su homosexualidad clandestinamente. Triunfa la relación ocasional y la promiscuidad que, en este caso, están estrechamente relacionadas con el SIDA.

Las primeras luces, los frutos de las profecías de Ernesto Muñoz, vinieron cuatro meses después, cuando Marcos Ruiz Delgado (posteriormente fundador del Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH), declaraba a la misma revista APSI:

Soy cristiano, socialista y homosexual.

Foto: Grupo rock Los Prisioneros, ícono contracultural de los 80.