viernes, 29 de mayo de 2009

LA PRIMERA REBELIÓN


(El comienzo de una lucha sin cuartel)


Eran los tiempos en que la Raquel, la Eva, la Larguero, la Romané, la José Caballo, la Vanesa, la Fresia Soto, la Confort, la Natacha, la Peggy Cordero y la Gitana, se reunían a conversar en la Plaza de Armas de Santiago. Charlaban de sus proletarias vidas y pernoctaban en la céntrica plaza. Luis Troncoso, la Raquel, 55 años, y quien fuera uno de los protagonistas de la primera rebelión homosexual en la historia de Chile, recuerda con aires de nostalgia:

Casi vivíamos ahí, a veces también dormíamos en algún rincón. En el día nos dedicábamos a pedir monedas y después íbamos a comer a la UNCTAD (actual edificio Diego Portales), porque vendían comida barata y súper rica. Después volvíamos a la Plaza de Armas y en la noche íbamos a patinar por Providencia o a la Plaza Italia.

La manifestación pública ocurrió un domingo 22 de abril de 1973, el mismo día que el ultra derechista grupo Patria y Libertad hacía explotar una bomba en el monumento al Che Guevara en la comuna de San Miguel. Así, mientras el mundo político concentraba su interés en el atentado terrorista, la prensa sensacionalista se deleitaba cubriendo los pormenores de una manifestación pública jamás vista en nuestra homofóbica sociedad, y cuyos protagonistas eran un grupo de homosexuales que poco tenían que perder. José Ortiz, 50 años, estilista, otro de los promotores de este acontecimiento, recuerda:

Nos atrevimos a protestar porque estábamos cansados del abuso policial. En ese tiempo, tenía unos 18 años y vivía detenido por ofensas a la moral y las buenas costumbres. Si no iba preso, era rapado por la policía cuando me sorprendían puteando en la calle.

La Raquel afirma que en esos años no había tanta libertad para reclamar, asegurando:

Protestamos porque estábamos cansadas de la discriminación. En esos años, si andabas en la calle y los pacos se daban cuenta de que eras maricón, te llevaban preso, te pegaban y te cortaban el pelo por el solo hecho de ser maricón. Las cárceles y las comisarías eran como hoteles para nosotras. En ese tiempo nadie nos defendía, ni siquiera teníamos el apoyo de nuestras familias porque una se arrancaba de la casa de cabra chica para vivir más libremente, confiesa la Raquel, asegurando que en esos años no había tanta libertad como ahora para ir a reclamar a alguna parte.

Hasta ese minuto en la Plaza de Armas de Santiago, los “maracos”, “yeguas sueltas”, “locas perdidas”, “mariposones”, “colipatos” —como les llamaba la prensa amarilla a los homosexuales de entonces— no aparecían organizados, ni emancipados en ninguna parte. Sólo figuraban en reportajes relativos a la primera operación de cambio de sexo que transformó en mujer a Marcia Alejandra Torres, en pasionales crímenes sodomíticos o en redadas policiales contra los travestis prostitutos que ejercían el comercio sexual en calle Vivaceta 1226, lugar de hospedaje del mítico burdel de la más famosa reina prostibulera de Chile, Carlina Morales Padilla, la “Tía Carlina”.

La única imagen positiva de los homosexuales de ayer, destacada por la prensa de espectáculos, tiene exclusiva relación con los artistas homosexuales integrantes del celebrado conjunto de baile “Blue Ballet”, quienes incomodaban con su peculiar nombre a los recios futbolistas del Club Universidad de Chile y sorprendían al público con sus actuaciones en el teatro de variedades Bim Bam Bum de la capital. Estas exitosas presentaciones rápidamente conquistaron dinero y fama, siendo el primer conjunto de homosexuales transformistas en la historia de Chile. Entre ellos, destacó la figura de un personaje que con el tiempo se convirtió en una leyenda cuando, a mediados de los años noventa y después de regresar de París transformada en mujer, inauguró un refinado restorante francés en el barrio Brasil, presentando su nueva identidad: Candelaria Patricia Manzo Seguel, más conocida como “Candy Dubois”.

En medio de un contexto social de creciente polarización política, previo al Golpe del 73, momentos en que los Derechos Humanos de las minorías sexuales eran una utopía, un puñado de jóvenes de origen popular, que no superaban los 18 años, decidió sacar la voz.

La Raquel describe de este modo las diferencias sociales que dividían al mundo homosexual criollo durante el período de la Unidad Popular:

En ese tiempo había tres grupos de maricas que se reunían en el centro de Santiago. Estaban los de Plaza de Armas, los de Huérfanos y los de Alameda. Las que se juntaban en Huérfanos eran las locas más regias, las que se hacían las más lindas, las cuicas. Las de Alameda eran las más o menos, así como de clase media, y las de Plaza de Armas, que éramos nosotras, las locas más pobres y atorrantes.

Por su parte José Ortiz, afirma que actualmente las cosas han cambiado favorablemente para los homosexuales, agregando:

Nosotros no teníamos el respaldo de nadie, al contrario, a nosotros nos reprimían más porque en ese tiempo existía la detención por sospecha, en cambio ahora no existe. Ahora se puede marchar por la calle sin miedo a la policía y eso en el pasado era casi imposible porque nos fichaban como sodomita patín.

No obstante estos cambios y mucho antes de la relativa transformación cultural que se aprecia en lo cotidiano, en pleno Gobierno socialista de la Unidad Popular, los homosexuales eran vistos como escoria, sus demandas no existían, ni siquiera estaban contempladas en los cambios políticos, sociales y culturales que ambicionó implementar el presidente Salvador Allende.

La Raquel, recordando esos tiempos en que ella y sus compañeras del sexo rentado debían pagar con persecución y cárcel su transgresión, asegura:

En los tiempos de Allende había más libertad política, pero no había libertad para nosotras. En esos años la gente se horrorizaba y escandalizaba con nosotras y eso que la homosexualidad era más oculta, no como ahora que es más liberal.

“Fuimos los pioneros”

Pese a que algunos protagonistas del mítin no recuerdan haberlo programado con antelación, la sola idea de protestar en contra del abuso policial siempre estuvo en sus cabezas, particularmente en la mentalidad de la Gitana y la Fresia Soto, las líderes naturales del grupo. Raúl Troncoso, otro de los participantes de la manifestación, rememora:

La verdad es que nosotras hace tiempo queríamos protestar, y eso que nos conocíamos así no más, ni siquiera sabíamos el verdadero nombre de las otras. De hecho, nunca supimos el verdadero nombre de la Gitana, asunto que la policía nunca creyó cuando comenzó a buscarla por cielo, mar y tierra después de la protesta.

La Raquel agrega con picardía travesti:

Lo único que sabíamos era que la Gitana regentaba el hotel Antofagasta en la calle San Diego. En cambio, la Fresia Soto era más conocida porque ella era como comunista, le gustaba hacer reuniones, nos conversaba de política e, incluso, dicen que llegó a ser concejal por la comuna de Conchalí. Esa loca se llamaba Luis Soto, por eso le pusimos la Fresia Soto.

Transcurridos 35 años, resulta complicado para sus protagonistas intentar reconstituir aquel suceso, aunque uno de ellos asegura recordar pormenores del evento. Jorque Droguet, la Eva o la “medallita”, comerciante de 55 años, dice saber cómo se gestó la manifestación. Eva, muy convencida de las influencias políticas de sus amigas, asegura:

La protesta la organizó una loca que le decían la Fresia Soto. Ella era bien movida, incluso pidió permiso a Carabineros, Investigaciones y la Municipalidad para hacer la protesta. Yo creo que por eso no nos reprimieron en el acto, aunque sí nos vigilaban desde lejos.

La Raquel, en cambio, dice no creer mucho en esta supuesta autorización oficial, considerando la severa persecución que hizo famosa a la policía de esos tiempos y porque asegura:

La Fresia Soto era media cuentera. A nosotras nos dijo que había ido a pedir permiso a la Municipalidad para protestar, pero nunca le creímos mucho.

Sea como haya sido, con autorización o sin ella, un grupo de aproximadamente 25 homosexuales, de estrato popular, protestaron en la Plaza de Armas de la capital, iniciando de este modo una travesía en pro de las reivindicaciones del mundo gay de Chile. José Ortiz observando con nostalgia los amarillentos archivos de prensa que muestran la primera protesta homosexual en la historia, afirma:

Nosotros fuimos los pioneros, protestamos alrededor de la plaza, llevando carteles y gritando; queremos libertad, queremos libertad.

Hoy, con una visión más ilustrada de los hechos noticiosos, resulta caricaturesca la homofobia expresada en los medios de comunicación social que dieron cuenta de esta protesta. Ninguno se salvó del juicio y el comentario grosero, particularmente la prensa de izquierda que, además de destacar el suceso en portada y contraportada, se esmeró en fustigar este hecho. La pro comunista revista Paloma hablaba de “50 anormales reunidos en Plaza de Armas”, y el diario CLARÍN, en su edición del 24 de abril del 73, hacía lo propio al señalar en portada: COLIPATOS PIDEN CHICHA Y CHANCHO.

En páginas interiores, CLARÍN afirmó:

Las Yeguas sueltas, locas perdidas, ansiosas de publicidad, lanzadas de frentón, se reunieron para exigir que las autoridades les den cancha, tiro y lado para sus desviaciones. Pese a que la reunión había sido bastante publicitada, la policía no se hizo presente.

De manera excesiva y en un claro enjuiciamiento moral hacia los homosexuales de ayer, CLARÍN señaló:
Al principio los sodomitas, creyendo que a cada instante les caería la teja policial, se mostraron cautos. Pero ligerito se soltaron las trenzas y sacaron sus descomunales patas del plato y se lanzaron demostrando que la libertad que exigen, no es más que libertinaje. Entre otras cosas, los homosexuales quieren que se legisle para que puedan casarse y hacer las mil y una sin persecución policial. La que se armaría. Con razón un viejo propuso rociarlos con parafina y tirarles un fósforo encendido.

Después de conocer estas homofobias periodísticas provenientes de la prensa “progresista” de los años setenta, resulta claro que la Paloma de la UP no voló tan libremente para los homosexuales, y que el CLARIN nunca estuvo tan “firme junto al pueblo”, como rezaba su eslogan de portada.

Quien sí estuvo muy firme, pero en contra de los homosexuales, fue Julio Stuardo, otrora Intendente de Santiago que, refiriéndose a una nueva manifestación programada en el barrio alto de la capital, declaró al diario Puro Chile: Usaré de la fuerza pública y de todos los resortes que me da el mandato constitucional para impedir cualquier ultraje a la moral y las buenas costumbres. Sus palabras fueron acompañadas de una portada que rezó: “TAPA A MARACOS DEL BARRIO ALTO”. Por su parte, la prensa sensacionalista de derecha, representada por la revista VEA, sumó epítetos y tituló en portada del 26 de abril de 1973: “REBELIÓN HOMOSEXUAL: LOS RAROS QUIEREN CASARSE”.

Poco después, la creciente agitación social que dividía al país, la prensa hostil que mostraba a los homosexuales como delincuentes, las amenazas de Golpe Militar y la persecución policial desatada luego del mitín gay, obligó a los activistas homosexuales a regresar a sus ghettos, aguardando mejores condiciones políticas para retomar su lucha. Ahí, en el ostracismo de reuniones privadas, fiestas y encuentros clandestinos, esperaron volver al ruedo. Sin embargo, la espera fue larga, tiempo después sobrevino el Golpe Militar del 11 de septiembre con su amargo historial de exilios, torturas, muertes y desapariciones forzadas. Quizás, los homosexuales y travestis torturados y asesinados en prostíbulos y barriadas pobres aún sean las víctimas más olvidadas de la sangrienta trayectoria de la dictadura militar criolla.

El Golpe del 73

Era muy peligroso ser homosexual para el 73, recuerda Tomás Rivera González, “La Doctora”, 55 años, ex travesti del mítico barrio San Camilo y la Tía Carlina. Al respecto agrega:

El Golpe fue terrible para los homosexuales, particularmente para los más pobres, entre ellos los que trabajábamos en San Camilo. Si te terciabas en un operativo y los milicos se daban cuenta de que eras maricón, cagabas. Era una inseguridad espantosa ser maricón en ese momento y en esas condiciones de toque de queda.

“La Doctora”, recordando un triste episodio en el 73 en el que casi pierde la vida, denuncia:

Recuerdo que a días del Golpe Militar fui a avisarles a unas maricas que vivían en la calle Maturana para que se fueran de donde estaban y botaran las pelucas, porque en esa zona los milicos estaban haciendo operativos. En eso estaba, cuando en la Plaza Brasil comienzan a aparecer camiones de milicos que acordonaron la plaza por los cuatro costados. Nos cagamos de susto, en ese momento todo podía pasar. Nos individualizaron, nos formaron en grupos. Para más remate, recuerdo que yo andaba maricona total, súper evidente, con zapatos de plataforma, que en ese tiempo estaban de moda, pantalones anchos ajustados tipo pata elefante, anillos y cejas depiladas. Nos llevaron detenidos y ahí sufrí el miedo más espantoso de mi vida.

Quienes no tuvieron la fortuna de Tomás Rivera, no pudiendo salvar, ni quedar registrados en la memoria de los abundantes archivos de la violencia de Pinochet, fueron dos travestis proletarias amigas de parranda de “La Doctora”, asesinadas a mansalva. Al respecto, Tomás recuerda con tristeza:

Esto ocurrió en el barrio de San Gregorio, donde vivían mis amigas. En un habitual operativo militar y al percatarse los milicos que mis amigas eran maricas, las sacaron a unas canchas abandonadas, les ordenaron correr en la oscuridad y les echaron unos perros hambrientos para matarlas. A la Lety la mataron los perros a puros mordiscones y a La Chela la remataron con una bala en la cabeza.

Foto: Portada de diario CLARIN, 23 de abril de 1973.





1 comentario:

sociedadanonima dijo...

excelente resumen histórico. agradecería saber quién escribe o de dónde proviene la información. saludos