viernes, 29 de mayo de 2009

INCREIBLE DONACIÓN


(Aleluya, los dólares)

Si bien la discriminación ha sido la principal dificultad que ha enfrentado el movimiento homosexual en su historia de lucha, sus espacios de funcionamiento han provocado fuertes dolores de cabeza a sus líderes, transformándose en una preocupación prioritaria en sus primeros años. A principios de 1993, cuando el MOVILH apenas se daba a conocer públicamente y establecía sus primeras alianzas políticas, surgió un serio conflicto por el lugar físico que acogería al grupo. Un agudo problema producto de la ausencia de fondos económicos, sumado a la procedencia popular de sus integrantes.

El primer lugar de trabajo del MOVILH fue una sala cedida por la Corporación Chilena de Prevención del SIDA, en 1991. Sin embargo, al corto andar, surgieron diferencias con los directivos de la corporación, Richard Villarroel, Manuel Rubio y el periodista norteamericano Tim Frasca, quienes pidieron la salida del grupo gay por el carácter contrapuesto de las organizaciones. Mientras el primero propugnaba la lucha pública de la homosexualidad, la Corporación Chilena de Prevención del SIDA defendía exclusivamente la prevención del VIH en la población homo y bisexual de Chile. Después de arduas discusiones, el MOVILH salió de la sede de la Corporación, debiendo reunirse en casas particulares, y más adelante, en la sede del Partido Democrático de Izquierda (PDI), formado por ex comunistas desencantados.

Los lazos de algunos dirigentes del MOVILH con ex dirigentes del Partido Comunista, como la ex diputada Fanny Pollarolo, sumado a la insistencia del movimiento homosexual que reclamaba espacios de legitimidad al interior de la izquierda, le abrieron y cerraron puertas. Después de un breve amorío entre los homosexuales y el PDI, éste terminó por expulsarlos de su sede debido a la presión de otros militantes, entre ellos el ex PC, Luis Guastavino, que cuestionaron sus relaciones políticas con los homosexuales. Juan Pablo Sutherland, dirigente del MOVILH, en diciembre de 1993, declaró a la revista Los Tiempos:

Simplemente no pudieron lidiar con la situación y en un voto político, la mayoría del liderazgo votó por expulsarnos. Dijeron que ni el PDI, ni la sociedad chilena estaban preparados para aceptar una relación sui generis entre un partido político y un movimiento homosexual.

Fuera de la Corporación Chilena, del PDI y mientras preparaban sus maletas para partir a otro lugar, una noticia llegó de Holanda. La congregación de religiosas católicas Zusters Van Liefde, había aprobado una millonaria donación para el MOVILH. Así, el futuro inmediato de la organización se aseguró con un generoso cheque, generando alegría entre sus militantes. Sin embargo, el dinero también provocó discusiones en torno a su uso práctico.

Las discusiones fueron complejas y estuvieron matizadas por el individualismo de algunos militantes que pensaron en regalías económicas. Unos propusieron pagar sueldos a los activistas más comprometidos con el MOVILH, otros defendieron el carácter voluntario de la militancia. Incluso, en el momento más álgido de la controversia, los más desencantados propusieron devolver el cheque a las monjas holandesas, pero, finalmente, “la sangre no llegó al río” y los dineros tuvieron destinos específicos.

Luego, acordaron la creación del Centro de Estudios de la Sexualidad (CES), cuyo objetivo sería la administración idónea de los recursos donados. Bajo su alero legal, se arrendó una amplia casa ubicada en la calle Granados 540, se contrató a Marcos Ruiz (uno de los fundadores del MOVILH) como secretario administrativo y se financió el estudio exploratorio de un especialista que investigó la aplicación del artículo 365 del Código Penal, que castigaba con cárcel las relaciones sexuales entre hombres adultos.

Estudio sobre el artículo 365

Juan Cabrera, militante homosexual, egresado de la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, asumió la misión de investigar la aplicación del artículo 365. Después de meses de pesquisa y trabajo en tribunales, el estudio exploratorio en ocho juzgados de la Región Metropolitana, estableció que la norma del inciso primero del artículo 365 del Código Penal referida a la sodomía consentida, sería un precepto legal que carecería de aplicación práctica y que los casos que figuran ingresados a los tribunales como sodomía, en realidad se tratarían de violaciones sodomíticas, refirió el informe final de Cabrera.

Estos resultados asombraron a los militantes del movimiento homosexual, y reafirmaron la importancia política y simbólica de una exigencia del MOVILH, en orden a derogar un precepto abiertamente discriminatorio y carente de toda aplicación. Una ley muerta.

El respaldo de las religiosas católicas de Zusters Van Liefde (que también apoyan a mujeres trabajadoras sexuales del Uruguay y a otras organizaciones sociales latinoamericanas), sorprendió a los militantes del movimiento homosexual, considerando la importante suma en dólares y, principalmente, porque el gesto de ellas contravino expresas indicaciones del Vaticano que prohíben el apoyo explícito a los grupos de homosexuales.

Ningún programa pastoral auténtico puede incluir organizaciones en las que asocien entre sí personas homosexuales sin que se establezca claramente que la actividad homosexual es inmoral. Se debe retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, señala la Carta de los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención a los homosexuales, redactada por el ultra conservador, entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la doctrina de la fe del Vaticano, actual Papa Benedicto XVI.

Desobedeciendo las indicaciones de Ratzinger y de Juan Pablo II, las religiosas, dirigidas por Sor Luisa Geben, la superiora de la congregación católica, solidarizaron con la causa libertaria de los homosexuales chilenos, apoyando económicamente su labor e, incluso, visitando Chile y al MOVILH reunido en una asamblea extraordinaria. El respaldo de Zusters Van Liefde resultó sorprendente considerando la posición ultra conservadora de la jerarquía de la iglesia católica chilena que, respecto del tema homosexual, se ha distinguido por reaccionaria.

Con la certeza de estar desarrollando un trabajo con proyecciones políticas e históricas, el movimiento inauguró su primera sede social, con la asistencia de Manfred Max Neff (Independiente), Cristián Reitze (del Partido Humanista), Fanny Pollarolo (ex comunista) y de la teórica feminista Margarita Pisano. Los fondos aportados por las monjas católicas holandesas permitieron poner en marcha múltiples estrategias de lucha, conquistando victorias significativas durante 1993.

Emblemática marcha

El 1º de marzo de 1993, en una concurrida conferencia de prensa en su sede, el MOVILH anunció su participación en una nueva marcha por los Derechos Humanos convocada por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. En medio de un contexto generado por las repercusiones políticas que aún provocaba el Informe Rettig, el colectivo homosexual decidió sacarse las máscaras. La conferencia contó con la asistencia de todos los medios de comunicación, excepto Canal 13, estación perteneciente a la Iglesia Católica. El hecho representó una conquista clave para la causa política del MOVILH por el efecto multiplicador que provocó la visibilidad gay en la opinión pública, generando un incipiente debate sobre la homosexualidad en Chile.

En la marcha del 4 de marzo, más de trescientos homosexuales, lesbianas y travestis enarbolamos un lienzo que proclamaba: “EL GRITO ES EL ARMA DE LOS OPRIMIDOS. JUSTICIA Y RESPETO”, llamando la atención de los transeúntes y medios de comunicación que registraban el acontecimiento. Esta marcha fue emblemática para el movimiento, por la repercusión pública que conquistó y porque participó en ella un significativo contingente de travestis, como la “Rafaella Carra”, un conocido personaje trans que imitaba en sus shows
callejeros a la famosa cantante italiana. Hasta ese minuto, el público chileno sólo había visto el rostro de los gays norteamericanos y europeos marchando por las calles a través de la televisión, ahora, el imaginario colectivo era alimentado con rostros nacionales.

Sin embargo, unido a la positiva recepción que tuvo en la prensa la audacia de los homosexuales, también provocó el rechazo del denominado “Movimiento por los Derechos del Hombre” que, a través de una declaración pública, criticaron la visibilidad de los gays, señalando:

Una sociedad que tolere ciertas conductas no significa que las acepte como correctas y la forma tan jocosa en que se ha tratado este asunto tan importante, sólo sirve para confundir más.

Nacen otras organizaciones

La lucha iniciada por el MOVILH influyó significativamente, dada la germinación de otras organizaciones gays en el resto del país. En la ciudad de Calama nació el grupo Pucará, liderado por Vicky Figueroa, una conocida travesti estilista que reside actualmente en Italia. En Paine, zona rural cercana a Santiago, se fundó “Liber H”, conducido por José Luis López, 50 años, asistente social. Respecto al origen del nombre, José Luis confiesa:

Pensamos llamarnos las sandías locas, pero quedamos como Liber H en honor al famoso pianista Liberace y porque también suena a libertad.

Considerando la trascendencia que el movimiento había logrado, sus líderes comenzaron a posicionarse de manera más abierta, frente a algunas situaciones públicas. Por ejemplo, en una conferencia de prensa del Presidente Aylwin en Dinamarca, los periodistas lo sorprendieron con preguntas relativas a la discriminación hacia los gays en Chile. Aylwin aseguró que tal situación no ocurría en Chile. Esa “metida de patas” del Presidente llevó a los dirigentes del movimiento homosexual a pedir una audiencia en el Palacio de la Moneda, para hablar del artículo 365 y de otras situaciones de discriminación que los afectaban. Sin embargo, la solicitud de audiencia jamás fue acogida, limitándose a responder escuetamente que “su excelencia tiene copada su agenda”, recomendando enviar los planteamientos del grupo a través de otros conductos.

Tiempo después, durante la última época de Patricio Aylwin en el Gobierno, el movimiento gay buscó apoyo público y político de los candidatos al siguiente período presidencial. El respaldo más activo provino del independiente Manfred Max Neff y del humanista Cristián Reitze. El ex sacerdote Eugenio Pizarro, candidato de la izquierda extraparlamentaria y del Partido Comunista, se limitó a escuchar las demandas de los homosexuales en una audiencia privada, pero no llegó más allá. Eduardo Frei Ruiz Tagle, abanderado del partido democratacristiano y quien resultó electo Presidente de Chile, rechazó de plano cualquier acercamiento con el movimiento homosexual de Chile. A la fecha, ningún Presidente de Chile ha recibido en audiencia formal a dirigentes del movimiento de lesbianas, gays, travestis y bisexuales (LGTB) criollos.

Foto: 4 de marzo de 1993. Víctor Hugo Robles, marchando durante la conmemoración del Informe Rettig, portando un triángulo rosa alusivo al Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH.